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Edición Nº78
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Distintas Opiniones

A esta hora exactamente… hay un niño en la calle.

Por Viviana Rodriguez

Así comienza un poema escrito por Armando Tejada Gómez y habla de los inocentes cuyos colchones son hojas de periódicos, trapos sucios… si… los chicos de la calle son aquellos que sus propios padres, los dejan tirados, abandonados, abusados en cualquier calle, iglesia u orfanato. Si, hombre y mujer. Un matrimonio ‘como debe ser’… como nos dicen que ‘tiene que ser’. Heterosexual… para no confundir a los niños y ‘no salgan con algún defecto’… como muchos titulan el homosexualismo. Además… las criaturas merecen respeto, amor, dignidad, afirman otros. Y es cierto. Pero… ¿Qué podemos pensar de aquellos padres que para obtener alcohol o drogas, o solventar sus vicios, prostituyen a sus hijos (varones y niñas) de dos, tres, seis, ocho años? ¿Donde queda el respeto y la dignidad que esos padres: hombre y mujer… deberían darle a sus propios hijos? ¿Qué clase de amor es ese? ¿Cómo llamaríamos a esto que estoy exponiendo? No olvidemos que lo vemos en las noticias a diario. O aquellos chicos que son abandonados por sus padres heterosexuales y son ‘recogidos’ con mucho amor por las iglesias y… pasados unos años, esos niños al llegar a adultos, confiesan el calvario que vivieron a manos de sacerdotes que los abusaron sexualmente por muchísimo tiempo. Me pregunto muchas veces ¿En qué planeta estamos viviendo? Yo no tengo familiares homosexuales, pero si, muchos amigos. Son tremendos caballeros, una gran mayoría de ellos, profesionales, empresarios… personas tan normales como cualquier heterosexual y con una gran capacidad para darle amor a los demás. Recordemos solamente las víctimas del terremoto en Haití, que después de unos años, todavía se denuncia que niños y niñas, como están en la calle porque no tienen donde vivir existen permanentes denuncias sobre violaciones a menores de edad diariamente. Me pregunto si ese accionar, no traumatiza más a un niño o niña, que vivir en un hogar formado por dos hombres o dos mujeres, que le dan amor, educación, vivienda y comida. ¿Por qué los homofóbicos piensan que los chicos van a correr mayores peligros si son adoptados por homosexuales, si los que los violan son heterosexuales? Hace años atrás, la Academia Americana de Pediatría, declaró que diferentes estudios habían demostrado aparentemente, que los hijos de padres homosexuales, tienen las mismas ventajas de poder estudiar, ser saludables, poder adaptarse y desarrollarse en la sociedad, que los hijos de matrimonios heterosexuales. Pero este tipo de declaraciones, siempre son muy criticadas por el Clero, seguido de moralistas y conservadores empedernidos, que prefieren que los ‘niños que no le importan a nadie’ continúen en la calle, o en orfanatos, viviendo una vida llena de abusos de todo tipo. Nada es seguro. Muchos hijos abusados, golpeados y con evidentes maltratos físicos y psicológicos, vienen de familias convencionales. El típico padre alcohólico, que golpea a la madre y a los hijos e incluso comete violaciones sexuales con sus propios hijos e hijas, tampoco es el mejor ejemplo de ‘moralidad, respeto y amor’ del que hablan los entendidos. Las familias formadas por heterosexuales, no siempre dan felicidad a sus hijos, sino que son capaces también, de arruinarles la vida a sus retoños. Si bien es cierto que lo que usualmente vemos, es la familia tradicional, un padre, una madre, tíos, tías, primos, primas, cuñados y cuñadas, también tenemos que pensar que si por alguna razón, en el mundo hay niños solos, sin familias, pasando hambre, sufriendo abusos de todo tipo por parte de las instituciones que los recogen (me refiero a iglesias, orfelinatos, organizaciones etc.) porqué no permitir que las lesbianas y los homosexuales, les ofrezcan un hogar, donde recibirán tal vez más respeto a la niñez, que el que les tuvieron sus propios progenitores, además, podrán disfrutar de abuelas y abuelos, tíos y tías, primos etc. ¿Por qué no podemos pensar en esto como una opción? Familias amorosas, llena de cariño como he visto a mis amigos y amigas. Yo recuerdo como periodista, que hace unos años en un albergue para niños (y eso lo mostraron muchos noticieros) de dos a ocho años (de ambos sexos) que estaba dirigido por religiosos, los militares y los policías del lugar, asistían al ‘albergue’ pagando altas sumas de dinero… para tener sexo con esas criaturas. Cabe entonces la pregunta: ¿Esos niños que no tienen quien vele por ellos, quienes los defiendan, que no tienen quienes los escuchen… no estarían mejor tal vez, con dos papás o dos mamás? ¿Tratar eso es algo tan terrible? La iglesia habla de la ‘aberración’ que se cometería al permitir a parejas de un mismo sexo, que adopten niños. ¿Y lo expuesto anteriormente no es acaso más aberrante aún? Todos los moralistas, los abnegados, que se oponen a las adopciones de homosexuales, esa gente tan piadosa y preocupada por los menores sin hogar, deberían leer el libro Las Tumbas, del escritor peruano Enrique Medina, donde explica el infierno que viven esos chicos y las torturas a las que son sometidos por los celadores que están a cargo de ellos en los orfelinatos. Créanme que los chicos, antes de vivir los tormentos a los que son expuestos, bien podrían ser amados, respetados y criados, con mucho amor por dos papás o dos mamás. Pero ni siquiera lo intentan… porque ¡Se les acabaría el negocio!

 

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